domingo, 21 de junio de 2015

16 ADICCIÓN A LOS ESTIMULANTES, COCAÍNA, METANFETAMINAS Y OTROS

Las moléculas de abuso generalmente se han distinguido en dos grupos principales, estimulantes del sistema nervioso central y depresores del sistema nervioso central. Los estimulantes se caracterizan por incrementar la conexión de la corteza cerebral con los sentidos, así como incremento en el metabolismo basal. Los estimulantes aumentan la concentración, mejoran el rendimiento motor e incrementan la sensibilidad. En la actualidad la molécula estimulante del sistema nervioso central universalmente distribuida y consumida es la cafeína, a cual se encuentra en los frutos de las plantas del café o del té. La cafeína no está relacionada con los receptores de dopamina y tampoco estimula su liberación, esto explica porque a pesar de que sus efectos estimulantes son marcados, no crean una adicción potente (Creese, 1983; George, 2000; McKim & Hancock, 2012; Solanto, 2001; Weil & Rosen, 1983).

La cafeína es un antagonista de la adenosina, una base nitrogenada con función de neurotransmisión en la sinápsis. Como antagonista bloquea la función de los receptores de adenosina. La adenosina al igual que GABA es un bloqueador de varias funciones neuronales, por lo que la cafeína elimina los frenos en el sistema nervioso. El principal neurotransmisor bloqueado por la adenosina es la acetilcolina, por lo que el consumo de cafeína genera que los músculos respondan con mayor facilidad cuando el individuo está despertando. Otro mecanismo de estimulación de la acetilcolina es que la cafeína bloquea la acetilcolinesterasa momentáneamente, favoreciendo al tono muscular. A continuación examinaremos específicamente las moléculas de abuso y en consecuencia excluimos a la cafeína, las sustancias que describiremos son la cocaína, las anfetaminas y la nicotina.


16.1 La cocaína

La cocaína es una molécula extraída de las hojas de la planta de coca “Erythroxylum coca”, que crece de forma natural en las montañas de Sur América, especialmente en Perú, Bolivia, Colombia y Ecuador. 

Su consumo natural se hace masticando la hoja de coca, en cuyo caso sus efectos son semejantes a los de la cafeína, pero algo más fuertes. La cocaína es la molécula activa purificada a partir de las hojas de coca, sería necesario masticar cerca de cuatro toneladas de hoja de coca para consumir la misma cantidad de cocaína que una línea de polvo purificado (Bradberry, 2002, 2002; Grinspoon & Bakalar, 1981).

El polvo purificado es inhalado sin que exista combustión, este se diluye rápidamente en las mucosas y las membranas celulares, por lo que atraviesa la barrera hematoencefálica estimulando al cerebro en segundos. Los efectos de la cocaína inyectada son semejantes, por lo que su consumo en polvo tiende a ser más económico y en consecuencia, más común.


Las formas de cocaína desarrolladas para su consumo por combustión poseen un efecto más fuerte y más rápido, son particularmente adictivas y presentan los riesgos asociados a cualquier sustancia fumada, como la acumulación de alquitrán y monóxido de carbono. Algunas formas de cocaína para combustión son el Crack y el Bazuco, económicas de fabricar y extremadamente adictivas.


16.1.1 Efectos neuronales de la cocaína

Cuando ingerimos la cocaína, esta crea una intensa sensación de placer, aumenta la autoconfianza e incrementa el metabolismo basal mejorando el rendimiento físico, la capacidad cognitiva y el vigor físico. La cocaína incrementa los niveles de neurotransmisores relacionados con el placer, la recompensa y el reflejo de Combate y Escape, específicamente la dopamina y la norepinefrina “noradrenalina”. La euforia es causada principalmente por los efectos en la dopamina, el principal neurotransmisor de los centros de recompensa (Cagniard, Sotnikova, Gainetdinov, & Zhuang, 2014; Freyberg et al., 2016; Ritz, Lamb, Goldberg, & Kuhar, 1987; Rossum, Schoot, & Hurkmans, 1962; Wise, 1984; Yasui & Su, 2016).

Normalmente la dopamina es inmediatamente reabsorbida al interior de los nervios, por lo que sus efectos se acaban rápidamente. La cocaína sin embargo interfiere con el reciclaje de la dopamina aumentando y prolongando el efecto normal de la dopamina, se trata de un efecto antagonista tapando las proteínas que reciclan la dopamina.

La cocaína crea un efecto paradójico, por un lado otorga placer inmediato, y por otro somete al cuerpo a estrés por la acción de la norepinefrina, manteniendo al cuerpo listo para afrontar situaciones de emergencia, lo cual en este caso también mejora el desempeño sexual. Los efectos de la cocaína son más fuertes con las primeras dosis, durando hasta unos noventa minutos, pero decrece paulatinamente a medida que el cuerpo aumenta sus niveles de tolerancia hasta alcanzar unos dos minutos.

Cuando el individuo regresa a la realidad no lo hace al estado homeostático estándar, por el contrario su cerebro cae en un estado de depresión fuerte, ansiedad y fatiga extrema. Estos efectos son mucho más marcados que con el alcohol o la marihuana y solo cesan de forma efectiva con el consumo de más cocaína, los ciclos incrementan la tolerancia y aumentan los efectos secundarios, a este fenómeno lo denominamos síndrome de abstinencia. Un factor que favorece la recaída más allá del síndrome de abstinencia agudo es la anhedonia, esta droga te arrebata la capacidad de sentir placer por medios normales por años. La tolerancia y la anhedonia están relacionadas, si la dopamina no es reciclada el receptor dopaminérgico es percibido como defectuoso por la neurona postsináptica y lo endocita. Debido a que la vesícula encierra dopamina, el receptor dopaminérgico no se libera y por lo tanto es degradado.

Entre más alto sea el “vuelo” más fuerte será el “estrellón” y por lo tanto más fuerte la necesidad por mas cocaína. El Crack y el Basuco son especialmente adictivos al ser 75% cocaína, en comparación con el 10% al 35% del polvo de cocaína que se obtiene en las calles.

16.1.2 Efectos secundarios de la cocaína

La cocaína como cualquier estimulante aumenta los peligros de ataque al corazón, los cuales se ven exacerbados por un mantenimiento del estado de Combate o Escape del cuerpo. La presión sanguínea aumenta mucho por dos factores, el aumento en los latidos del corazón y una fuerte constricción de los capilares sanguíneos. El ritmo cardiaco puede hacerse irregular, y alterar el estado inconsciente del sistema nervioso autónomo, algunos adictos reportan la sensación de estar conscientes de los latidos de su corazón. Las sobredosis pueden afectar los nervios del marcapaso causando un paro cardíaco.

La depresión después de la caída de un vuelo por cocaína es literalmente fisiológica. Tendemos a señalar los estados de la mente como la depresión en sentido de la moral cristiana y el libre albedrío, sin embargo esto tiene muy poco que ver en esto, el individuo puede racionalizar lo que sucede en su cerebro, pero no tiene un control en lo que sucede en su mente o en sus sentimientos. La depresión involucra los centros autónomos de la respiración, por lo que el ritmo respiratorio también se deprime, al punto en que la respiración puede resultar inhibida. Esto se causa debido a que cuando pasa el efecto de la cocaína, los receptores dopaminérgicos se encuentran en pleno proceso de endocitosis, y a medida que decaen en las neuronas la excitabilidad neuronal decae radicalmente.

La cocaína y todas las drogas relacionadas como las anfetaminas tienen un potente efecto degradante sobre los tejidos orgánicos como los epitelios, el cartílago e inclusive partes tan duras como los dientes. Evidentemente las neuronas también se disuelven en el proceso, por lo que la tolerancia, el síndrome de abstinencia y la anhedonia se generan no solo por degradación de la neurotransmisión, sino porque ya no hay nada que neurotransmita.

El daño en el sistema respiratorio o cardiovascular también está influido por los mecanismos de dosificación. La cocaína en polvo destruye los nervios nasales, la capa mucosa y los vasos sanguíneos de la nariz. En consecuencia la esta se torna seca debido al tejido cicatrizante “cayo” que crece para protegerse. Sin mucosas los índices de infecciones respiratorias aumentan, así como los índices de jaquecas debido a que el aire frió extrae calor del cerebro a través del hueso que separa el canal respiratorio de la bóveda craneana. El tabique de bifurcación nasal tiende a corroerse y desintegrarse. Uno de los aspectos del sistema nervioso autónomo simpático es que disminuye la sensación de dolor, y la cocaína estimula al sistema simpático al máximo, en consecuencia es un analgésico potente, por lo que todos estos síntomas pasarán desapercibidos hasta que se haya causado un daño considerable.

La degradación no se limita a unos cuantos sistemas, todos los tejidos son afectados lo cual acelera el ritmo de envejecimiento biológico, al final representas más años biológicos que lo que tienes cronológicamente.

Las inyecciones por otra parte favorecen las infecciones secundarias del sistema circulatorio, ya sea con bacterias ambientales que pueden generar septicemia “que trae como consecuencia la amputación del miembro” o con patógenos oportunistas que infectan la sangre como muchos microorganismos de trasmisión sexual tales como la hepatitis y el VIH. Fumar crack/bazuco por otro lado daña rápidamente los pulmones y las vías respiratorias debido a la acumulación de alquitrán, plásticos y los demás aditivos químicos empleados para crear la mezcla. Las consecuencias son semejantes a las de fumar tabaco solo que mucho más poderosos debido tanto a la mala fabricación de los cigarros como a la propiedad analgésica de la cocaína que hace que la patología sea detectada cuando ya está muy avanzada.


16.1.3 El bazuco

La pasta base de cocaína (llamada también paco, bicha, basuco, bazuco, base o carro) es una droga de bajo costo similar al crack elaborada con residuos de cocaína y procesada con ácido sulfúrico y queroseno. En ocasiones suele mezclarse con cloroformo, éter o carbonato de potasio, entre otras cosas (Arias Dioses, 2014; Carmona & Novoa, 2012; Cervantes, 2003; Jonathan, 2006; Rojas Valero, 2015; Sabogal-Carmona & Urrego-Novoa, 2012).

La dosis pesa solo entre 0,01 y 0,03 gramos. Es una droga estimulante del sistema nervioso central, cuyo componente activo es el alcaloide cocaína, proveniente de una planta natural de América, la Erythroxylum coca, al que "estiran" o adulteran con otros componentes como cafeína, manitol y bicarbonato de sodio, entre otros. Ingresa al organismo luego de ser fumado en instrumentos especialmente diseñados para tal fin, con el objeto de obtener euforia y placer; pero tiene un efecto tan efímero como deletéreo para todo el organismo, lo que genera una rápida dependencia, con aumento de la frecuencia de su uso, llevando a las personas a consumir decenas de dosis diarias.

En los minutos que siguen a su absorción, aparecen los efectos sobre el sistema nervioso central, con riesgo de pérdida de conocimiento y convulsiones; luego se afecta el sistema cardiovascular, produciendo alteraciones del ritmo cardíaco y aumento de la tensión arterial, lo que pone en riesgo la vida. Si el consumo está asociado a bebidas alcohólicas u otras drogas, el efecto perjudicial se multiplica. Con el uso prolongado, aun en corto tiempo, el deterioro neurológico y por ende intelectual del sujeto se hace evidente, se acompaña también de alteraciones pulmonares y cardíacas, marcada pérdida de peso y estado de abandono personal. Existen consecuencias indirectas asociadas como los traumatismos o lesiones por accidentes o riña, en ocasiones, graves.

Se suele consumir fumándola en pipas (generalmente caseras), con marihuana (mixto, combi, flapy, fillywey, maduro o banana) o con tabaco en forma de cigarrillo (pecoso, tabacazo, tabaquito, tola, marciano, maduro, bazuco, pistolo, calavera, marrueco, Free o ensacado). Debido a su composición química, es altamente tóxica y al ser muy breve su efecto (entre 10 y 15 minutos) es extremadamente adictiva. Se obtiene a través de la extracción de alcaloides de la hoja de coca que no llegan a ser procesados hasta convertirse en el clorhidrato de cocaína, que es la forma más común y buscada de presentación de esa sustancia. La extracción de los mismos se realiza mediante la maceración de la hoja de coca en queroseno u otros solventes, pero por la escasez de precursores químicos para convertir este grupo de alcaloides en la sal de cocaína por reacción con el ácido clorhídrico, se vende de esta forma en buena parte de Sudamérica.

Sus efectos secundarios son muy similares a los de la cocaína, el riesgo a la salud es mucho más alto por residuos de disolventes y otras sustancias nocivas que contiene. Debido a que la cocaína, componente activo, no está refinada, se le suelen llamar "fondo de olla", haciendo referencia a que son los restos que quedan de la conversión de la pasta base a clorhidrato de cocaína. El consumo de pasta base se realiza a través de pipas caseras (que pueden ser latas agujereadas, antenas de televisión, tubos de aluminio, entre otras), donde se mezcla el producto con viruta de metal y ceniza de cigarrillo de tabaco o virulana metálica a modo de filtro. Es muy común entre los sectores más pobres por su bajo costo y fácil adquisición en las calles. Por otro lado, es cada vez más común el consumo de "freeway o mixto", es decir marihuana mezclada con pasta base y consumida como cigarrillo en lugar de pipa, ya que con ello el efecto es más suave y duradero. Un error muy común es llamar crack a la pasta base. El crack básicamente se hace con clorhidrato de cocaína con bicarbonato de sodio y agua o amoniaco. En cambio, la pasta base es la pasta de cocaína previa al refinamiento o a veces el sobrante de éste. Puede decirse que la pasta base está en el paso previo a la cocaína y el crack está en un paso posterior.

En Colombia, Venezuela y Perú se le conoce como bazuco o basuco, ya que hace parte de un juego de palabras "base sucia de coca". Los consumidores frecuentes de paco, especialmente aquellos con escasos recursos económicos, suelen cometer delitos, prostituirse o vender sus pertenencias para obtener más de esta droga. La socióloga Alcira Daroqui, empleada en los juzgados de menores de Quilmes, cita a una joven adicta al paco luego de su internación: "Yo agradecí haberle dejado mi piba “hija” a mi papá aunque él era violento, porque si no, yo era capaz de haberla vendido".

16.1.4 Testimonios del bazuco en Colombia

Hace tres años comenzó a llevar una doble vida. Todas las noches, vestido de paño, sale del trabajo y camina hasta una esquina del barrio Garcés Navas, en el occidente de Bogotá, para comprar unas ‘bichas’ de bazuco, que no le cuestan más de 15.000 pesos. El caso de este hombre es similar al de otros 10.000 consumidores colombianos, que sin ser habitantes de la calle están esclavizados por una de las drogas más destructivas que existen. La mayoría de los adictos pertenecen a los estratos 1, 2 y 3, un sector de la población que cada día hace más lucrativo el negocio de la venta de drogas ilegales (Serrano, 2014).

“Le coge el alma a la persona que muerde el anzuelo y es muy difícil liberarse. Se sufre un deterioro cognitivo y cerebral muy grave. Si se consume bazuco o bóxer, el daño es superior al que generan otras drogas”, explica Felipe Cárdenas, antropólogo y experto en temas de salud de la Universidad de la Sabana. El bazuco, una sustancia compuesta por cocaína, ladrillo molido y hasta detergente, es altamente adictivo. Causa alucinaciones, agresividad y delirio de persecución; al principio, genera una sensación de placer y luego, de angustia (Serrano, 2014).

Según Cárdenas, “los procesos de adicción duran toda la vida”. Eso, sumado a su bajo costo (entre 1.000 y 2.000 pesos la dosis) y a la facilidad para adquirirla, ha hecho que se abra camino en la clase media. Y los datos así lo indican: según el Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Colombia 2013, aunque la mayoría de la población consumidora de bazuco se concentra en los estratos 1 y 2 (13.810 y 24.734 personas, respectivamente), en el 3 ya hay motivos para alarmarse. En sus cuentas, de las 49.756 personas que usaron esa droga el año pasado en Colombia, 6.387 pertenecen al estrato 3 y 4.825 a los estratos 4, 5 y 6 (Serrano, 2014).

Un panorama igualmente dramático se presenta en Bogotá, donde el mercado de esta droga, según la Fundación Ideas para la Paz (Fip), mueve al menos 508.000 millones de pesos al año, es decir, unos 1.392 millones al día –un consumidor habitual compra entre 10 y 20 papeletas diarias–. Aunque no hay precisión sobre las cifras de consumidores de bazuco en los estratos 4, 5 y 6, se calcula que en toda la ciudad hay unos 22.000, y que cerca de 2.700 son de estrato 3 (12 por ciento). Y hay más: el Centro de Estudio y Análisis en Convivencia y Seguridad reportó el año pasado 3.000 nuevos casos respecto del 2009. Por ejemplo –sostiene Jonathan Nieto, subsecretario de Convivencia y Seguridad–, existen adictos de localidades como Engativá y Suba que han terminado por vivir en la calle (Serrano, 2014).

Ese es el caso de David, de 37 años, quien cayó en el bazuco hace seis. Vivía con sus padres y tenía un empleo como preparador físico, que abandonó por la droga. No le importaba vender sus cosas o empeñarlas para conseguir unas dosis. “Salía a la calle y me escondía de la Policía y de mi familia –recuerda–. Me daba miedo todo. Me vestía bien, con ropa de marca y relojes finos. Cuando se me acababa la plata, entregaba lo que fuera”. En ocasiones, la adicción viene acompañada de delitos menores y mayores. En ciertos sectores, la droga está relacionada estrechamente –según Nieto– con las lesiones personales, los homicidios y la lucha territorial. Incluso, en la entrada de algunos colegios los ‘jíbaros’ regalan droga a los niños como ‘estrategia de mercado’ (Serrano, 2014).

Y la rehabilitación, ¿qué? Pese a que la marihuana y la cocaína siguen siendo las drogas que más se consumen en Bogotá, el número de adictos al bazuco es crítico, y hay carencia de programas para tratarlos. Mientras el Distrito les apostó a los Centros de Atención Móvil para Drogodependientes (Camad), con el fin de asistir a habitantes de calle, y la Secretaría de Salud informa que hace un trabajo de prevención en los colegios, no hay una política que abarque el fenómeno totalmente. “No hay programas efectivos en la solución o rehabilitación del bazuco. No hemos mejorado en su diseño porque no se ha realizado una planeación participativa. Hay muchas personas que lo enfrentan y no hay solución”, explica Amy Ritterbusch, profesora de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes (Serrano, 2014).

‘Vi a niñas vender su cuerpo por bazuco’ “Comencé a consumir marihuana a los 14 años. A los 18, conocí a alguien y me fui a vivir con él; vendía bazuco y yo le ayudaba. Me dio curiosidad de saber qué se sentía, y probé. “Al principio, era uno, dos o tres, y luego hasta 10 gramos en una noche”. “Cuando lo metieron a la cárcel, yo me hundí en el bazuco; me dejó de importar todo porque me sentía sola. Entonces, alquilaba cuartos, por 5.000 pesos la noche, para meterme la droga”. “Al final, ya era capaz de entrar sola al sector de la L (en el centro de Bogotá) con 200 o 300 mil pesos que conseguía trabajando o diciéndoles a mis hermanos que necesitaba algo. Allá me los fumaba en tres o cuatro días”. “A mí no me tocó vender mi cuerpo, pero sí vi a niñas, de unos 7 años, llevadas por la droga y haciéndolo por unas pocas ‘bichas’”. Testimonio de Carolina, en proceso de rehabilitación en la Fundación la Luz (Serrano, 2014).

‘Yo era estrato 6 cuando lo probé’ “Caían las 5 o 6 de la tarde y comenzaba a soplar. Lo hacía toda la noche y me regresaba a la casa sin un peso en el bolsillo. “Empecé fumando cigarrillos con bazuco; podía fumarme hasta 100 en tres horas. Cuando me pasé a la pipa, bajó la frecuencia porque andaba asustado por más de 40 minutos, entonces ‘metía’ menos. “Venía de un estrato 6 en Cali, tenía plata y, desde los 11 años, andaba en barrios pesados. Conocí la marihuana, la cocaína y las pastillas. Todo lo pagaba yo. “Consumía entre clases. Llegó un punto en el que ya no volví al colegio. Después me interné y duré tres años limpio. Pero recaí y a los 19 o 20 años probé el bazuco para ver qué se sentía y solo paré cuando la mamá de mi hija quedó embarazada, de eso hace ya cuatro años. “Tristemente, hace cinco meses otra vez busqué la droga. Mi mamá falleció, luego de luchar tres años contra un cáncer, y eso me dio muy duro. Caí de nuevo en la cocaína y en el alcohol, y estuve a un paso de coger la pipa. Siento tristeza y resentimiento conmigo mismo. “Hace mes y medio volví a un centro de rehabilitación para curarme; aunque sé que no es fácil, no quiero volver a una vida de perdición”. Andrés, consumidor desde hace 14 años (Serrano, 2014).

¿Qué está pasando? Mientras para Isaac de León Beltrán, consultor de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), el mercado del bazuco sigue afectando básicamente a los estratos 1 y 2 y al habitante de calle, hay quienes insisten en que el problema está oculto en los demás estratos y que hay que prestarle atención. David González, psicólogo de la Fundación la Luz –especializada en rehabilitación–, cree, por su parte, que pocas veces los casos de consumo de bazuco en los estratos 3, 4, 5 y 6 son públicos. Esto, porque algunas familias, con el ánimo de proteger al adicto, permiten que se droguen en casa. Solo en ese centro hay 110 pacientes, en su mayoría adictos al bazuco y de estratos medios y altos. Amy Ritterbusch, docente de la Universidad de los Andes, asegura que esta sustancia es principalmente de la calle. Pero coincide con los otros expertos en que se han conocido múltiples casos en otros círculos sociales (Serrano, 2014).

16.2 Anfetaminas

Las anfetaminas se producen sintéticamente como moléculas que imitan la estructura y función de la dopamina y la norepinefrina (los mismos neurotransmisores que son segregados cuando los receptores de cocaína son estimulados). Existen muchas formas de anfetaminas, incluyendo la deztroamfetamina y la metanfetamina, también conocida como metanfetamina cristalizada. Al igual que la cocaína, la metanfetamina puede ser administrada por diversos mecanismos de dosificación: inhalación de polvo, bebida del polvo diluido, ingerida en pastillas, inyectada o fumada (Cao, Shi, Hao, Wu, & Li, 2016; Covey, Bunner, Schuweiler, Cheer, & Garris, 2016; Fleckenstein, Volz, Riddle, Gibb, & Hanson, 2007; Steinkellner et al., 2014).

Tres son los efectos de la metanfetamina de cristal: (1) al igual que la cocaina bloquea el mecanismo de reciclado de dopamina, (2) estimula la secreción de dopamina y (3)  imita a la dopamina y la norepinefrina el cuerpo experimenta sensación de placer físico y emocional por una parte y un estímulo del sistema nervioso simpático por otro, al activar al simpático y su respuesta de Combate o Escape, las capacidades físicas y cognitivas se aumentan repentinamente por el tiempo en que el “vuelo” dure. La sinergia de los tres efectos explica cómo es que estas drogas son más potentes que la cocaína. Las anfetaminas al ser sustancias totalmente sintéticas son más difíciles de degradar, por lo que sus efectos pueden durar por periodos más prolongados, horas en lugar de los minutos que proporciona la cocaína.

Al igual que con la cocaína, entre mayor es la potencia en que el sistema nervioso simpático es estimulado, mas es el impacto que sufre el individuo en su fisiología cardiovascular, que a parte de la arteriosclerosis y la vasoconstricción, genera arrestos en el flujo cardíaco y acumulación de fluidos en los pulmones. El síndrome de abstinencia y la anhedonia se desencadenan de forma tan marcada como con la cocaína en la medida que el sistema nervioso aprende a regular la sustancia para alcanzar el equilibrio nuevamente mediante la degradación de los receptores dopaminérgicos. El síndrome de abstinencia se caracteriza por dolores y espasmos musculares, depresión física “respiratoria” y emocional, así como un aumento en el apetito.

 La metanfetamina de cristal al igual que la cocaína disuelve los tejidos orgánicos, acelerando el proceso de envejecimiento biológico. Adicionalmente, la anfetamina puede cruzar la placenta y causar efectos en el feto en desarrollo, causando partos prematuros con infantes muy débiles y de bajo peso.

16.3 La adicción a la nicotina

La nicotina tiene una ruta de acción diferente a la de la cocaína y anfetaminas. Los receptores de nicotina mejoran la afinidad de los receptores de acetilcolina en el sistema nervioso periférico, aumentando el ritmo cardíaco, la presión sanguínea y la excitabilidad del tejido muscular. En el sistema nervioso central los receptores de acetilcolina facilita la liberación de dopamina y serotonina, creando sensaciones de placer y relajación (Herman, DeVito, Jensen, & Sofuoglu, 2014; Picciotto & Kenny, 2013; Prochaska & Benowitz, 2016; Subramaniyan & Dani, 2015). Los receptores de nicotina experimentan desensibilización, lo cual contribuye tanto al síndrome de abstinencia agudo como a una anhedonia crónica.

Es la nicotina la que causa que los fumadores queden enganchados a los cigarrillos, asegurando una exposición continúa a otras sustancias que contiene el cigarro. Aunque el cerebro interpreta una sensación de relajación, el cuerpo realmente recibe estímulos en el corazón y los vasos sanguíneos. Bajo la influencia de la nicotina el corazón ate al menos 33 veces más por minuto. Al mismo tiempo los vasos sanguíneos se constriñen, por lo que la presión sanguínea aumenta.

La nicotina también afecta las plaquetas causando que se ornen más pegajosas, incrementando la probabilidad de formación de trombos combinados de plaqueta y grasa LDL que puede conllevar a la enfermedad cardiovascular o arteriosclerosis que conlleva tarde o temprano a un derrame cerebral o un ataque al corazón.

La nicotina puede ser legal, pero también es poderosamente adictiva, casi el 95% de los fumadores son fisiológicamente dependientes de ella, al igual que con la cocaína en la medida que el cuerpo “vuela” también cae, por lo que cuando sus efectos pasan, los neurotransmisores del placer y el empuje emocional para realizar las acciones normales baja, creando una depresión que limita las actividades diarias. El síndrome de abstinencia puede ser emocional o fisiológico, se caracteriza por dolor muscular, espasmos, vómito, diarera, insomnio, irritabilidad entre otros. Muchos fumadores siguen consumiendo por el solo hecho de no sentir el síndrome de abstinencia. Los síndromes de abstinencia pueden durar desde unas cuantas semanas hasta varios meses, lo cual explica la dificultad con la que los adictos pueden zafarse de una adicción.


16.4 Negacionismo industrializado, del tabaco al calentyamiento global y de regreso

Traduzco así lo que en Inglés se llama DENIAL dado que la poca vitalidad del Castellano se extiende a la falta de palabras y la carencia de conceptos. A los Denialists los llamo Negacionistas, por lo tanto. El Negacionismo es el rechazo automático frente a pruebas científicas contundentes.  Muchas veces se trata de gente a sueldo de organizaciones políticas, de empresas y monopolios, de Iglesias y religiones. Hay que diferenciar entre el escepticismo y el negacionismo. El escéptico toma un enfoque científico y analítico frente a ciertas afirmaciones.  Un escéptico del cambio climático, por ejemplo, considera los hechos y las pruebas y está siempre dispuesto a cambiar su opinión admitiendo la evidencia.  El escepticismo es una posición filosófica sana y de hecho nace con el Renacimiento Europeo y Descartes, por ejemplo) y se refuerza en la Ilustración, aunque hubo escépticos famosos entre griegos y romanos, por ejemplo Epicuro. El Negacionista ya tiene su idea de antemano y todo lo que lea lo acepta  o rechaza según se adapte a lo que él ya cree antes de enterarse de los hechos  -y eso suponiéndole honestidad intelectual, que rara vez la tiene porque la mala intención se le nota. Lo anterior se da especialmente cuando hay intereses económicos de por medio, así que no esperen que algún expendedor de drogas legales o ilegales les digan que eso que venden es malo.

Ahora hay que aclarar algo, todo puñetero adicto es un negacionista de que la droga lo esté matando, sin embargo el negacionismo del tabaco es algo un poco más industrializado, y recuerda más a las campañas anticientíficas que rodean a las regulaciones de xenobióticos industriales como el plomo (Markowitz & Rosner, 2013), a la ciencia del cambio climático (Jylhä, Cantal, Akrami, & Milfont, 2016; Lewandowsky, Oreskes, Risbey, Newell, & Smithson, 2015) o a teorías prestigiosas y bien establecidas al interior de las comunidades científicas como la Teoría Sintética de la Evolución (Allmon, 2011; Sakar, 2009; Scott, 1997). Es decir, se trata de campañas mediáticas financiadas por industrias y/o grupos religiosos por diversas razones. De cierta manera se trata de una fabricación deliberada de ignorancia en masa. Ahora la relación de otros tipos de negacionismo con la negación de los efectos nocivos del tabaco es más que una analogía.

Naomi Oreskes y Erik M. Conway dan algunas  muy buenas e inquietantes respuestas en su fascinante, detallado e ingeniosamente escrito nuevo libro; Comerciantes de la duda (Oreskes & Conway, 2011). En este libro muestran cómo un pequeño grupo de estudiosos de la extrema derecha inmersa en la miopía de la guerra fría, con una financiación sustancial de poderosos contaminadores corporativos, lograron  engañar a amplios sectores de la opinión pública estadounidense y hacerles creer que la evidencia de origen humano calentamiento global  era incierta, irracional, políticamente manipulada y no debía servir de base para cualquier tipo de acción política.

Su historia comienza con lo que ellos llaman la “estrategia de tabaco,” la campaña lanzada a mediados de la década de 1950 por los fabricantes de cigarrillos para refutar y ridiculizar las pruebas de la vinculación de consumo de tabaco y mortalidad. Parecería que la estrategia  del tabaco  está  conectada a la negación de calentamiento global puramente por analogía: otra industria poderosa, tratando de evitar la legislación pero Oreskes y Conway demuestran que esta estrategia  de negación y manipulación ha sido el modelo seguido después en la negación del cambio climático (Oreskes & Conway, 2011).

Frederick Seitz, por ejemplo, un ex Presidente de la Academia Nacional de Ciencias y miembro nato del Comité Asesor científico del Presidente, en 1979 fue contratado por R. J. Reynolds Tobacco Company. Camel lo colocó  a la cabeza de su Comisión de investigación médica. En el proyecto Manhattan, le  asignó a Seitz  45 millones de dólares en subvenciones de investigación para reforzar el prestigio de tabaco — subvenciones que, como él más tarde admitiría, iban dirigidas a evitar cualquier información negativa  sobre el tabaco. “No quisimos mirar los efectos de fumar cigarrillos en la salud,” dijo en una entrevista de 2006. Seitz cobró cientos de miles de dólares durante los seis años durante los cuales sirvió en este  proyecto. No fue mucho tiempo después que él y un conjunto de  de colegas comenzaron a negar la realidad del cambio climático de origen humano (Oreskes & Conway, 2011).

En 1984 Seitz, Robert Jastrow y William Nierenberg fundaron el Instituto de Marshall de C. de George, que supuso para  el cambio climático lo que el Instituto del tabaco supuso durante  mucho tiempo para los cigarrillos. Seitz y sus colegas afirmaron que el calentamiento global fue causado por las variaciones naturales en el  flujo solar, tal como la lluvia ácida fue causada por las erupciones volcánicas. Sostuvieron que cualquier calentamiento provocado por las emisiones de efecto invernadero es inundado por las variaciones climáticas naturales. El Instituto de Marshall en su sitio Web aún hoy afirma que no hay consenso  sobre el  cambio climático global , y que realmente puede haber efectos  “beneficiosos del aumento  de CO2 en la atmósfera” (por ejemplo la fantasía  del incremento de la productividad agrícola ). A Seitz y sus cómplices, se unió el  físico, Fred Singer, y  ganaron la atención de enormes medios de comunicación y de  periodistas sensacionalistas. Sus reivindicaciones  también encontraron en las administraciones de Reagan y Bush (Oreskes & Conway, 2011).

¿Por qué Seitz y compañía han sido tan beligerante en la negación  de la realidad del cambio climático mundial ? Oreskes y Conway muestran que el cambio climático era realmente una frontera que los protegía  de males  mayores de un Estado regulador — un Estado considerado cada vez más dispuestos a restringir las libertades de libre mercado en nombre de la protección del medio ambiente. Para contrarrestar la amenaza imaginada de un misil soviético, Seitz y su camarilla defendió la iniciativa de defensa estratégica (guerra de las galaxias) del Presidente Reagan, en un esfuerzo de millones de dólares para militarizar el espacio. De hecho, el propósito original del Instituto Marshall era defender la línea dura  de Reagan. Cuando el imperio soviético se derrumbó en 1989, estos físicos de  la “guerra fría” se trasladaron a atacar a un nuevo enemigo, ecologismo, que según ellos  promovían el mismo programa antiestadounidense. El ecologismo (y más en particular las ciencias  del  clima) han sido  invocados como el más reciente de una larga línea de amenazas a la libertad: “un árbol verde con raíces rojas,” como  dijo  el periodista conservador George Will (Oreskes & Conway, 2011).

Todos esto ayuda a explica por qué estos fundamentalistas de libre mercado, inmersos en las  oposiciones  de la  guerra fría  (economías de mercado frente a las economías planificadas, el individuo contra el Estado, el mundo libre frente a Big Brother), atacaron todos los esfuerzos para realizar un seguimiento de las enfermedades ambientales producidas por las empresas de productos químicos. Fluorocarbonos clorados no eran, según ellos, los responsables del deterioro en la capa de ozono y los sulfatos se belched de las plantas de carbón no causaban lluvia ácida que  perjudicaba de bosque; el  humo de los cigarrillos no causaba ningún daño demostrable. Oreskes y Conway muestran como  Singer, Seitz y un número de otros negacionistas del  cambio climático sirvieron como asesores en  la Advancement of Sound Science Coalition, una plataforma  de la  Philip Morris destinada a impugnar las pruebas que  vinculaban  a los fumadores pasivos con el riego de padecer enfermedades asociadas como el cáncer (Oreskes & Conway, 2011). 

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